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La IA llega a la gran pantalla: China estrena su primer largometraje generado íntegramente con inteligencia artificial

Sanxingdui: Future Past llega hoy a los cines chinos, mientras Gods Don’t Give Gifts, hecha con IA, prepara su estreno en EE. UU. y su candidatura a los Óscar.

Bronze mask from the Sanxingdui civilisation
Sanxingdui bronze mask. Photo: Gary Todd / CC0

China estrena su primer largometraje generado íntegramente con inteligencia artificial, mientras en Estados Unidos una antología hecha con IA prepara su estreno en salas y su campaña a los Óscar. La pregunta ya no es si la IA llegará a la gran pantalla, sino qué papel conservaremos las personas en ella.

Este viernes 23 de octubre de 2026, los cines de toda China han empezado a proyectar Sanxingdui: Future Past, producida por Bona Film Group. Es el primer largometraje del país generado íntegramente con inteligencia artificial que llega a las salas comerciales, tras recibir en abril su permiso de exhibición de la Administración Nacional de Cine.

La película es una historia de ciencia ficción inspirada en los tesoros arqueológicos de Sanxingdui, una civilización de más de 3.000 años cuyas máscaras de bronce siguen siendo algunos de los objetos más enigmáticos de la historia china. Su argumento transcurre en un futuro en el que una IA «superinteligente» se ha extendido por todo el planeta, una premisa que, dada la forma en que se hizo la película, se lee casi como un espejo.

Las personas deciden, las máquinas ejecutan

El reparto de tareas es lo más interesante del experimento. Las personas dirigieron el desarrollo conceptual, la dirección artística y las decisiones narrativas. La inteligencia artificial generó las imágenes, los efectos de sonido y otros elementos de producción, incluidos los propios actores. El presupuesto superó los 10 millones de yuanes, unos 1,5 millones de dólares: una fracción de lo que costaría una producción convencional de ciencia ficción.

El contexto explica por qué China va primero. Según la agencia Xinhua, más del 90 % de los microdramas estrenados en el país durante los ocho primeros meses de 2026 se hicieron con IA. El salto de la pantalla vertical del móvil a la sala de cine era, en muchos sentidos, solo cuestión de tiempo.

Las primeras reacciones en redes sociales están divididas. Algunos espectadores han calificado las interpretaciones de poco naturales; otros admiten que a menudo olvidaban que la película estaba hecha con IA. El productor Qu Jixiaojiang resumió el riesgo de llegar el primero: quienes se mueven primero «pueden ser los que tengan que soportar más presión».

Mientras tanto, en Hollywood

Estados Unidos prepara su propio hito. Gods Don’t Give Gifts, una antología de cuatro cortometrajes interconectados dirigida por Zack London —conocido en YouTube como Gossip Goblin— y producida por Fable, el estudio de animación con IA fundado por Edward Saatchi, llegará a los cines estadounidenses el 4 de diciembre. Se ha convertido en la primera producción creada con IA que recibe una calificación de la Motion Picture Association: R, para mayores de 17 años o acompañados de un adulto.

Su historia imagina un futuro en el que la conciencia humana puede transferirse a un cuerpo de cíborg. Y sus ambiciones van más allá de la taquilla: Fable tiene previsto presentarla al Óscar a la Mejor Película de Animación.

La industria, sin embargo, ya ha empezado a trazar límites. A partir de la 99.ª edición de los Óscar, en 2027, las interpretaciones y los guiones tendrán que ser obra de personas para poder optar al premio.

La pregunta que importa

En La Croisette llevamos todo el año siguiendo esta conversación, de la Croisette a la AI Boost Experience. Estos dos estrenos confirman que la inteligencia artificial ya no es una promesa de laboratorio: ya vende entradas. Pero confirman también otra cosa. Lo que juzga el público no es la tecnología, sino si la historia le emociona.

Esa es la línea que la industria tendrá que defender. La IA puede multiplicar las posibilidades de contar una historia. Decidir qué historia merece ser contada, y por qué, sigue siendo un acto profundamente humano.

Foto: máscara de bronce de Sanxingdui. Gary Todd
CC0.

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