La Croisette habla español. 79.º Festival de Cannes

La Croisette habla español: cómo España convirtió Cannes 2026 en su gran escenario
Catorce películas. Todas las secciones. Un país que no pide permiso para sentarse en la mesa más grande del cine.
Hay años en los que se asiste al Festival de Cannes. Y hay años en los que se toma. Para el cine español, 2026 es, sin duda, de los segundos.
Cuando el Ministerio de Cultura y el ICAA anunciaron las cifras de la presencia española en la 79.ª edición del festival de cine más prestigioso del mundo —14 películas repartidas por todas y cada una de las secciones—, muchos en la industria contuvieron la respiración. No por sorpresa, sino por lo que esas cifras significan realmente: esto no es una delegación. Es una invasión cultural organizada y diversa, con una visión artística propia.
Las cifras no mienten, pero el detalle importa
Catorce películas suena a récord, y lo es. Pero la verdadera historia no está en la cantidad, sino en la arquitectura de esa presencia. Que Un Certain Regard acoja tres títulos españoles —entre ellos El deshielo, de Manuela Martelli, y Océano Titánico, producida por Frida Films— habla de una apuesta curatorial del propio festival, no de un favor diplomático. Cannes no regala secciones competitivas. Se ganan plano a plano.
A eso se suma la presencia en Cannes Première con The End of It (María Martínez Bayona) y The Match (Juan Cabral y Santiago Franco), dos películas que confirman que el talento español habla con más de un acento y cuenta historias desde más de un rincón del mundo.
La generación que nadie vio venir
Hay algo verdaderamente emocionante en leer esta lista. Junto a nombres consagrados —El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, regresa a Cannes Classics como el monumento cinematográfico que siempre ha sido— aparecen directores que hace una década rodaban con presupuestos mínimos en pisos compartidos. Aina Callejón en La Cinef, Aina Clotet en la Semaine de la Critique con Viva, o David Bardos y Damià Ferràndiz compitiendo en la Immersive Competition con The Black Mirror Experience: son los rostros de una generación que no esperó a que el sistema la validara. Construyó el sistema por sí misma.
Y luego está Diego Luna, que lleva su documental Ashes
Ceniza en la boca a las Proyecciones Especiales y cierra el círculo entre el cine latinoamericano y el español en una colaboración que la Croisette recibirá exactamente como lo que es: una conversación cinematográfica sin fronteras.
El cine como política exterior
Seré directo: España lleva décadas produciendo un cine extraordinario con una reputación internacional que no siempre ha estado a la altura de su talento real. Almodóvar abrió puertas que no siempre supimos mantener abiertas. Pero algo ha cambiado, y de forma estructural. La presencia de España en Cannes 2026 no es una casualidad ni el resultado de un año excepcionalmente bueno. Es la consecuencia de una política cultural que por fin trata al sector audiovisual como lo que realmente es: nuestra mejor carta de presentación ante el mundo.
El poder blando funciona cuando es auténtico. Y el cine español, cuando se le da el espacio y la financiación para ser él mismo, es radical y desacomplejadamente auténtico.
Lo que queda tras los aplausos
Por supuesto, lo que ocurre dentro de las salas sigue importando. Los festivales son también un mercado, y el Marché du Film de Cannes —cuyo logotipo aparece en los materiales de la campaña del ICAA— es donde los sueños cinematográficos se convierten en acuerdos de distribución internacional, cifras de ventas y público real más allá de nuestras fronteras.
Pero, por ahora, dejemos que la cifra hable por sí sola: 14 películas. Todas las secciones. España.
La Croisette ya había oído hablar español antes. Este año, sin embargo, no solo lo oye. Lo habla.
El Festival de Cannes 2026 se celebra del 12 al 23 de mayo. La delegación española cuenta con el apoyo del Gobierno de España, el Ministerio de Cultura y el ICAA.



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